La voracidad de las empresas petroleras, el desenfreno inmobiliario y la falta de controles en el centro de la polémica
El domingo por la madrugada el deslizamiento del Cerro Hermitte en Comodoro Rivadavia, Chubut, obligó a evacuar a cientos de personas del barrio Sismográfica. El fenómeno dejó viviendas destruidas y familias desamparadas y con incertidumbre sobre su futuro, pero además reabrió el debate sobre el avance inmobiliario pese a las alarmas planteadas por estudios geológicos.
El corrimiento en la ladera sur del cerro Hermitte destruyó viviendas y agrietó calles del lugar y motivó que el Concejo Deliberante declarara la emergencia geológica y urbanística por 90 días en los barrios Sismográfica, Marquesado y Los Tilos.
“No se puede volver más”
La Municipalidad de Comodoro Rivadavia informó que el movimiento de mayor magnitud fue detectado alrededor de las 23:55 del sábado en la zona central de la ladera sur del cerro Hermitte. Se dispuso la evacuación preventiva por al menos 48 horas de áreas del barrio Sismográfica y de la zona Marquesado–Los Tilos.
Con la intervención de personal de Bomberos Voluntarios, Defensa Civil y fuerzas de seguridad, las familias evacuadas en la zona más afectada salieron con lo puesto.
“Eran más o menos las doce y media cuando escuchamos dos explosiones y después un ruido tremendo, como si el cerro se viniera abajo”, contó Agustina, vecina, a la prensa local.
“Los vecinos empezaron a pedirnos por favor que salgamos de las casas. En una hora, hora y media, salimos todos. Había niños llorando por todos lados, fue desesperante”, explicó.
Este lunes las personas evacuadas se acercaron a lo que queda de sus viviendas para poder retirar sus pertenencias, mientras clubes y organizaciones sociales pusieron en marcha operativos solidarios para asistir a las familias que perdieron su techo.
“No se puede volver. No es como una inundación, que baja el agua y uno vuelve. Aquí ya no hay vuelta atrás, no hay forma de reconstruir ni de regresar porque es muy peligroso”, lamentó Jorge, uno de los damnificados.
El viceintendente de Comodoro Rivadavia, Maximiliano Sampaoli, dijo que el panorama es “tremendo. Hay familias que han perdido en minutos el esfuerzo de toda su vida. El acompañamiento del Estado tiene que estar y tiene que ser importante”.

El deslizamiento no terminó
El geólogo Sebastián Richiano, investigador del CONICET e integrante del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología, explicó que “lo que ocurrió es el movimiento de un terreno que ya era inestable. En zonas con pendiente, donde los materiales no están bien consolidados y, además, actúan factores climáticos y ambientales, este tipo de procesos puede desarrollarse de manera lenta o manifestarse de forma repentina”.
Richiano recordó que en 2002 se había solicitado un informe técnico al Servicio Geológico Minero Argentino y el resultado del estudio fue “contundente” sobre los riesgos de construir en esa zona.
Por su parte, el geólogo José Paredes explicó que “el fenómeno corresponde a un deslizamiento de gran magnitud, inédito en la zona. El proceso no está completamente estabilizado y no es posible predecir su evolución en el corto plazo”.

Advertencia de trabajadores petroleros
En marzo del 2020, trabajadores de la Corriente Petrolera René Salamanca-CCC de la Corriente Clasista y Combativa advirtieron sobre los riesgos ambientales y geológicos en los cerros de Comodoro Rivadavia después de 100 años de miles de perforaciones en busca de hidrocarburos.
En ese informe se indicaba que “como consecuencia directa de esa historia productiva, los cerros que rodean y atraviesan la ciudad presentan un deterioro estructural del subsuelo que no está siendo debidamente estudiado ni comunicado a la población”.
La Corriente Petrolera René Salamanca señalaba que “existen cavernas, oquedades profundas, pozos antiguos mal abandonados y vacíos subterráneos que en muchos casos no figuran en registros públicos actualizados”.
El problema se agrava cuando estas condiciones se encuentran debajo de cerros urbanos, cerca de barrios habitados, en zonas con tránsito pesado, vibraciones constantes y lluvias intensas. Todo ello convierte a amplios sectores de la ciudad en zonas potencialmente propensas a deslizamientos de tierra, hundimientos o colapsos súbitos, sin necesidad de que ocurra un evento extremo.
En ese marco, destacaron que lo que la comunidad tiene derecho a exigir es un estudio geológico y geotécnico integral del subsuelo urbano, un inventario real de pasivos petroleros históricos, un mapa público de zonas de riesgo y un plan de prevención y mitigación.
La Corriente Petrolera René Salamanca destacó que este no es un mensaje de alarma infundada, es un llamado responsable a la prevención, basado en hechos reales vividos en el propio terreno y en el conocimiento de quienes trabajaron durante años en la actividad petrolera porque la seguridad de la comunidad debe estar por encima del silencio, la desidia o la negación del problema.


